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En 1903 La Iglesia de Dios salió de la oscuridad con la certeza de que ella recibiría la luz y gloria de Dios, "Levántate, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti" (Is. 60:1). Nuestra luz sin duda alguna ha venido, lo que significa que Dios ha revelado Su doctrina y Su plan de salvación a la Iglesia. No andamos en tinieblas, como otros, sino disfrutando las bendiciones de la verdad divina y en la revelación del plan divino de Dios de reunir en un solo Rebaño a todos Sus hijos y prepararlos para el rapto.
Además de recibir la luz, entendemos que la gloria de Dios nacerá sobre la Iglesia. Cuando la presencia divina se mueve en nuestros medios las almas se salvan, santifican, y bautizan con el Espíritu Santo. Los cuerpos son sanados y se ven los milagros. Cuán glorioso y maravilloso que tengamos el privilegio de disfrutar la gloria de Dios en la Iglesia. No obstante, la profecía de Isaías sigue a decir: "Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos; mas sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria" (Is. 60:2). La gloria de Dios tiene que aumentar hasta que otros puedan verla con claridad sobre la Iglesia. Después viene la promesa que "Y andarán las gentes a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento...todos estos se han juntando, vinieron a ti...la multitud de la mar, y la fortaleza de las gentes haya venido a ti" (Is. 60:3-5).
¡Qué maravillosas promesas en estos versículos! Las almas vendrán a la Iglesia a medida que la gloria divina aumente entre nosotros. Por lo tanto, tiene que ser nuestra prioridad el ir "de gloria en gloria", más profundos y ricos y llenos de Dios. La autocomplacencia es nuestro enemigo. El tiempo es corto y tenemos que despertarnos de modo que avancemos hacia adelante y arriba a toda la gloria que Dios ha preparado para Su Iglesia.
Miembros y amigos, les damos la bienvenida a esta Asamblea General y los invitamos a unirse a nosotros en la búsqueda de la gloria de Dios. A medida que Su gloria llena la Iglesia, sólo querremos utilizar esa gloria para honrar a nuestro Salvador y declarar: "A él sea la gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas edades del siglo de los siglos. Amén" (Ef. 3:21).


